Elipses
(2025)
Las elipses tienen dos centros. Esta característica fue el punto de partida para explorar esta forma geométrica: un espacio definido que contiene una atracción constante entre dos fuerzas internas mientras, simultáneamente, necesita mantener una distancia constante entre ellas. Esta cualidad esencia genera fenómenos que me recuerdan comportamientos observados en la naturaleza, así como la form en que establecemos vínculos de empatía y entendimiento entre dos individuos. Curiosamente, observar el comportamiento del sonido dentro de una elipse me habla, de manera franca, sobre el acto de crea un espacio de reflexión entre dos.
Dentro de una elipse, los centros o foccis están conectados a través de canales de reciprocidad focal. Cuando un sonido o una emisión vibratoria es enviada desde un centro y golpea cualquier punto de la circunferencia, inevitablemente regresa al otro centro. Es como si existieran miles de caminos invisible interconectando estos dos puntos. No importa hacia dónde se dirija la emisión, el centro receptor siempre encontrará una forma de escuchar. Hace unos meses me encontré con una frase que me gustó mucho: “Los círculos son solo elipses con mucha suerte”. Imaginé una elipse cuyos dos centros se habían colapsado: ambos seguían allí, pero juntos, uno sobre el otro.
En mi trabajo, exploro la voz humana, la comunicación y el espacio a través de instalaciones que emplea principios fundamentales de física para su funcionamiento. En Ellipses me centré en la cualidad de resonancia: cómo el vacío, y las características dentro de los cuerpos cerámicos, se apropian de estímulo acústicos externos, prologándolos en su interior, para después amplificarlos en tonos singulares. Como la voz, en todo su esplendor, cuando se proyecta.
Elipses
(2025)
Ellipses have two centers. This characteristic became the starting point for exploring this geometric shape: a defined space that holds a constant attraction between two internal forces while simultaneously needing to maintain a consistent distance between them. This essential quality generates phenomena that remind me of behaviors observed in nature, as well as the way we establish bonds of empathy and understanding between two individuals. Interestingly, observing the behavior of sound within an
ellipse speaks to me, quite frankly, about the act of creating a space for reflection between two.
Within an ellipse, the centers or foci are connected through channels of focal reciprocity. When a sound or vibratory emission is sent from one center and strikes any point on the circumference, it inevitably returns to the other center. It’s as if thousands of invisible paths interconnect these two points. No matter where the emission is directed, the receiving center always finds a way to listen. A few months ago, I came across a phrase that I loved: “Circles are jus ellipses with a lot of luck.” I imagined an ellipse whose two centers had collapsed: both still there, but together, one on top of the other.
In my work, I explore the human voice, communication, and space through installations that employ fundamental principles of physics in their operation. In Ellipses, I focused on the quality of resonance: how the void and the characteristics within ceramic bodies appropriate external acoustic stimuli, prolonging them internally, and then amplifying them into singular tones. Like the voice, in all its splendor, when it is projected.
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()